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Codependencia

Cuando un integrante de la familia desarrolla un trastorno por consumo de sustancias todo el
grupo familiar se ve afectado. Algunas conductas que antes estaban presentes desaparecen, otras
nuevas las sustituyen. Aparecen conductas de vigilancia, de cuidado, de preocupación y
desaparecen muchas conductas de ocio o sociales. La afectación también se produce a nivel
psicológico y emocional.

En general este papel de cuidador le suele tocar a las mujeres de la familia: madres, parejas,
hermanas o hijas. Ellas siempre han sido las encargadas del bienestar familiar; cuidar del hogar,
atender a los niños, enfermos y discapacitados ha sido parte de sus funciones, incluso ahora en
pleno siglo XXI esto sigue siendo así.

Algunos de los integrantes de la familia enferman junto con el adicto. Hay autores que lo
llaman co-adicción. Cuando estos cambios en el cuidado y la atención al adicto se vuelven
obsesivos, cuando el familiar quiere a toda costa controlar la conducta del adicto hablamos de co-dependencia.

¡Pues vaya! ¡Así que ahora la enferma soy yo!

No, no estoy diciendo eso… bueno… en parte sí, pero…

¿En qué quedamos entonces? ¿Estoy enferma o no?

Esta conversación creo haberla tenido unas cuantas veces y lo cierto es que resulta difícil de
explicar a alguien que ha sufrido lo indecible que, además de todo eso, padece de un trastorno de
conducta llamado co-dependencia.

Algunos intentamos explicar este fenómeno desde la teoría de sistemas. Por un lado
entendemos a la familia como un sistema y como tal este participa en un conjunto de fenómenos de
autorregulación (homeostasis), conducentes al mantenimiento de la integridad del mismo sistema,
en este caso la familia. Los cambios que se producen son por tanto conductuales, orientados a
mantener esa estabilidad. Así aparece esa vigilancia, preocupación, atención. Estos cambios
requieren de energía que se aporta recortando de otras actividades que se suponen prescindibles.

La frustración que se siente al ver el fracaso constante crea un malestar emocional y psicológico que
provoca un aumento en la conducta de cuidado. Y así, sin darnos cuenta, vamos cambiando todo
nuestro repertorio conductual, poco a poco, para convertirnos en el guardián del adicto

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