Adicción a la ketamina

¿Controlas la ketamina o está controlando tu vida?

¿Qué es la ketamina?

La ketamina es un medicamento anestésico que se utiliza comúnmente en humanos y animales. Fue desarrollado en la década de 1960 y es un compuesto químico que pertenece a la clase de drogas conocidas como anestésicos disociativos.

La ketamina funciona como antagonista del receptor NMDA, que actúa principalmente en la plasticidad neuronal, el aprendizaje y la memoria. A dosis altas actúa también en los receptores opioides lo que le confiere una alta capacidad adictiva.

La ketamina se usa principalmente para inducir y mantener la anestesia general en procedimientos quirúrgicos. También se ha utilizado como medicamento para el control del dolor y como sedante en la unidad de cuidados intensivos.

FICHA RÁPIDA KETAMINA

RIESGO DE ABUSO

Alto

TIPO DE DROGA

Anestésico disociativo y alucinógeno

NOMBRE CIENTÍFICO

(RS)-2-(2-acetaminofen)-2-(metilamino)ciclohexan-1-ona

NOMBRES EN LA CALLE

Special K, K, Vitamina K, Kit Kat, Polvo de K, Jet, Gato.

CÓMO SE TOMA

Inyectado, inhalado, oral.

EFECTOS SECUNDARIOS

Alucinaciones, euforia, náuseas, vómitos, problemas cognitivos y motores, aumento de la presión arterial y del ritmo cardíaco.

SIGNOS DE ABUSO O ADICCIÓN

Deseo compulsivo de usar la droga, aumento de la tolerancia, aislamiento social y problemas en el trabajo o en la escuela.

SÍNTOMAS DE ABSTINENCIA

Ansiedad, depresión, temblores, sudoración, dolores musculares y de cabeza.

SÍNTOMAS DE SOBREDOSIS

Dificultad para respirar, convulsiones, pérdida del conocimiento, alucinaciones, arritmias cardíacas y coma.

¿Qué es la adicción a la ketamina?

La adicción a la ketamina es un trastorno que se produce cuando una persona se vuelve dependiente del uso de la ketamina. La ketamina es una droga que tiene propiedades psicoactivas y puede generar un estado de euforia, sedación y disociación en el usuario.

La adicción a la ketamina se desarrolla cuando hay un uso continuado de la droga, ya que el cerebro comienza a adaptarse a su presencia y se vuelve cada vez menos sensible a sus efectos. Esto lleva al adicto a tener que aumentar la dosis o la frecuencia de uso para alcanzar el mismo efecto. La adicción también puede estar asociada con la dependencia física y la aparición de síntomas de abstinencia si se interrumpe el uso de la droga.

Los síntomas de la adicción a la ketamina pueden incluir cambios en el estado de ánimo, ansiedad, irritabilidad, dificultad para concentrarse, problemas de memoria, falta de coordinación, fatiga, insomnio, sudores, temblores y problemas gastrointestinales. El uso prolongado de la ketamina acaba provocando necrosis en los riñones y la vejiga.

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Problemas de la adicción a la ketamina

La adicción a la ketamina puede tener graves consecuencias para la salud física y mental de la persona afectada. Algunos de los problemas asociados con la adicción a la ketamina son:

  • Daño cerebral: el uso crónico de la ketamina puede causar daño cerebral, como convulsiones, confusión, alucinaciones y problemas de memoria, especialmente en el área del cerebro responsable de la memoria y el aprendizaje.
  • Problemas urinarios: El uso de ketamina puede dañar la vejiga y causar problemas como la cistitis intersticial, una inflamación crónica de la vejiga que causa dolor y problemas urinarios. También puede causar necrosis en los riñones y provocar insuficiencia renal.
  • Problemas psicológicos: la adicción a la ketamina puede aumentar el riesgo de problemas psicológicos, como depresión, ansiedad, psicosis y pensamientos suicidas.
  • Problemas sociales: el uso de la ketamina puede llevar a problemas sociales, como el aislamiento social, la pérdida de relaciones y el desempleo.
  • Problemas de salud general: el uso de la ketamina puede aumentar el riesgo de problemas de salud general, como problemas cardiovasculares, problemas hepáticos y pulmonares.
  • Adicción a otras drogas: El uso de ketamina también puede llevar a la adicción a otras drogas, ya que los usuarios pueden comenzar a buscar una sensación similar de euforia y disociación que se obtiene con la ketamina en otras drogas.

Causas de adicción a la ketamina

La adicción a la ketamina no se puede atender sin tener en cuenta las posibles múltiples causas, que pueden ser físicas, psicológicas o sociales. 

En muchas ocasiones se empieza a utilizar la ketamina como estimulante en fiestas clandestinas asociadas a la música electrónica (RAVES). Este uso recreativo de la ketamina puede llevar a la adicción, ya que la droga puede crear una sensación de euforia, sedación y disociación que puede ser muy atractiva para algunos de estos usuarios. Además, casi siempre se mezcla con otras sustancias que potencian su efecto, como el cannabis, la cocaína, el éxtasis, etc.

En algunos casos, el uso médico de la ketamina para tratar la depresión, el dolor crónico u otros trastornos puede llevar a la adicción si se usa de manera inadecuada o en dosis demasiado altas. Otro riesgo alto se produce con la automedicación, algunas personas pueden recurrir al uso de drogas como la ketamina para lidiar con el estrés, la ansiedad, la depresión u otros problemas emocionales.

También se sabe que la predisposición genética puede aumentar el riesgo de adicción a la ketamina y a otras drogas.

Tratamiento de la adicción a la ketamina

El tratamiento de la adicción a la ketamina debe plantearse de manera muy personalizada por un equipo terapéutico multidisciplinar que pueda desarrollar planes de intervención ajustados a las necesidades y singularidad del usuario.Las herramientas más utilizadas son la terapia conductual o cognitivo-conductual, terapia de grupo, talleres y dinámicas de afrontamiento emocional y prevención de recaídas y farmacoterapia.

Con las terapias de grupo se ayuda a los pacientes a identificar los factores que los llevan a usar la ketamina, a aprender habilidades eficaces para evitar situaciones de riesgo, a desarrollar estrategias para afrontar el estrés y la ansiedad, y a mejorar la autoestima y el autocontrol. También proporciona un apoyo emocional y social a los usuarios y ayuda a reducir el aislamiento social y a mejorar la capacidad de comunicación.

La farmacoterapia puede ser útil en algunos casos. Por ejemplo, los medicamentos que se usan para tratar la depresión o la ansiedad pueden ayudar a reducir los síntomas de abstinencia y mejorar el estado de ánimo del paciente. También hay medicamentos que pueden ayudar a reducir el deseo de consumir ketamina.

En algunos casos, puede ser necesario un tratamiento residencial en un centro de rehabilitación para proporcionar un ambiente seguro y estructurado para la recuperación.

En general, el tratamiento de la adicción a la ketamina debe ser personalizado y adaptado a las necesidades individuales de cada paciente. Un equipo de profesionales de la salud mental y médicos deben trabajar juntos para desarrollar un plan de tratamiento integral que aborde todas las necesidades del paciente.

Conclusión

La ketamina es un anestésico utilizado en medicina, pero su consumo recreativo puede generar graves riesgos físicos y mentales, además de un alto potencial adictivo.

Su uso continuado puede provocar problemas de memoria, ansiedad, depresión, daños en la vejiga y los riñones, así como deterioro en la vida social, académica o laboral. Por ello, es fundamental detectar pronto los signos de abuso y buscar ayuda profesional especializada para favorecer la recuperación y prevenir recaídas.

Adicción a la ketamina

Preguntas Frecuentes sobre la Ketamina

La ketamina es un medicamento anestésico desarrollado en la década de 1960 que se utiliza en medicina humana y veterinaria para inducir y mantener la anestesia general. También puede emplearse para el control del dolor y como sedante en cuidados intensivos. Sin embargo, debido a sus efectos psicoactivos, también se consume de forma recreativa.

Los principales signos de adicción incluyen un deseo compulsivo de consumir la sustancia, necesidad de aumentar las dosis para obtener los mismos efectos (tolerancia), aislamiento social, problemas laborales o académicos, cambios de humor, dificultades de memoria y concentración, ansiedad e insomnio.

El consumo continuado puede causar daños neurológicos, problemas de memoria y aprendizaje, trastornos psicológicos como depresión o ansiedad, daños en la vejiga (cistitis intersticial), necrosis renal, insuficiencia renal y un mayor riesgo de problemas cardiovasculares, hepáticos y pulmonares.

Una sobredosis puede provocar dificultad para respirar, convulsiones, pérdida de conocimiento, alucinaciones intensas, alteraciones del ritmo cardíaco (arritmias) e incluso coma. Ante estos síntomas, se debe buscar atención médica urgente.

El tratamiento suele ser personalizado y multidisciplinar. Puede incluir terapia cognitivo-conductual, terapia de grupo, programas de prevención de recaídas, apoyo psicológico y, en algunos casos, medicación para controlar síntomas de abstinencia, ansiedad o depresión. Cuando la dependencia es grave, puede recomendarse el ingreso en un centro especializado de rehabilitación.