06 Sep Cómo el consumo de drogas altera nuestra capacidad de conectar con los demás: La adicción afecta a nuestras emociones y nuestra capacidad de reconocer las del otro.
La adicción se asocia comúnmente al deterioro de la salud física y psicológica de quien la padece, pero éstas no son las únicas áreas de la persona que se ven perjudicadas. Resulta igualmente importante analizar cómo el consumo de sustancias afecta a nuestra capacidad de relacionarnos con las personas que nos rodean, ya que leer las emociones de los demás, sentir empatía y ser capaces de responder a interacciones cotidianas es, en gran medida, lo que nos hace humanos.
No obstante, ¿somos conscientes del papel que juega la dimensión social de nuestra mente en nuestra vida diaria?
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La dimensión social de nuestra mente en la vida diaria
Aunque charlar con otra persona pueda parecer una actividad sin importancia (de hecho, se estima que mantenemos entre 30 y 50 intercambios verbales por día), se trata de un acto social complejo en el que se coordinan numerosos mecanismos: alternamos el habla y la escucha, modulamos nuestro tono de voz y expresiones faciales según el tema del que hablemos, evaluamos el estado emocional de la otra persona, leemos su rostro para interpretar lo que nos está transmitiendo… Todas estas operaciones simultáneas son tan imprescindibles como las propias palabras; el “cómo se dice” nos permite interpretar adecuadamente si “lo que se dice” es una información seria o una broma, si las intenciones de quien tenemos enfrente son violentas o amistosas, y nos permite reaccionar como corresponde.
La importancia de interpretar las emociones de los demás
A nivel evolutivo, saber interpretar las emociones del otro es clave para nuestra supervivencia como especie. Por encima de todo somos animales sociales. Tanto es así que, aunque sólo disponen de una percepción visual limitada en sus primeros meses de vida, los recién nacidos ya manifiestan una preferencia por los rostros. Más adelante aprenden a distinguir las caras conocidas de las desconocidas y a reconocer las emociones que éstas expresan. Si este área del aprendizaje es tan extensiva es porque el reconocimiento facial y su correcta lectura emocional son vitales para la convivencia humana.
Qué es la cognición social
En psicología este conjunto de procesos mentales se denomina cognición social. Se trata de procesos cognitivos que nos permiten interpretar todo tipo de señales físicas: un ceño fruncido que muestra enfado, una mirada abatida que sugiere tristeza o un tono irónico que indica cuándo hablamos en broma. Así podemos advertir las intenciones que se esconden detrás de las palabras de nuestros interlocutores, reconocer cómo se sienten y deducir qué pueden estar pensando los demás. En suma, la cognición social nos permite identificar e interrelacionar los comportamientos de otras personas y responder adecuadamente.
Reconocimiento emocional, empatía y Teoría de la Mente
En un nivel más abstracto, la cognición social engloba competencias como el reconocimiento emocional, la empatía (la capacidad de ponernos en el lugar del otro) y la llamada Teoría de la Mente, que se encarga de inferir tanto nuestros pensamientos, creencias y puntos de vista como las de los demás, aparte de comprender cómo y por qué pueden ser distintas dependiendo de la persona y sus circunstancias. También interviene a la hora de interpretar situaciones sociales y en nuestro estilo atribucional, que es nuestro modo de atribuir causas y lógicas determinadas a una eventualidad concreta.
Conocer bien este área de la psicología humana es fundamental para entender cómo nos afecta padecer una adicción a la hora de interactuar socialmente.
Cómo afecta la adicción a la cognición social
Dificultades para reconocer emociones
Se han llevado a cabo numerosos estudios que estiman que el 70,2% de las personas adictas presentan algún tipo de deterioro en su cognición social. Uno de los resultados más consistentes es la dificultad de quienes padecen una adicción para reconocer emociones básicas (sobre todo el miedo, la tristeza, el asco o la ira) a través de las expresiones faciales. Diferentes sustancias nos afectan de manera diferente. Por ejemplo, el consumo de cocaína parece ser un factor predictivo especialmente fuerte en la pérdida de estas capacidades. Cuanto mayores son las dosis y más prolongado en el tiempo su consumo, más difícil nos resulta identificar la ira o el miedo de los demás. Imaginémonos ahora que intentásemos resolver un conflicto o una discusión pero sin ser capaces de detectar si la otra persona está asustada o enfadada; el malentendido está asegurado.
Alteraciones en la Teoría de la Mente
El consumo de sustancias también altera de forma significativa la llamada Teoría de la Mente, encargada, como hemos visto, de comprender que los demás tienen una mente propia, distinta de la nuestra, con otros pensamientos, creencias, deseos y emociones. Aunque algunos pacientes
mantienen esta capacidad intacta en ejercicios básicos, el esfuerzo mental que necesitan para procesar las interacciones sociales se vuelve mucho mayor.
Cambios en el estilo atribucional
Un tercer aspecto psicológico que se ve igualmente trastocado es el estilo atribucional, el modo en el que la mente explica las posibles razones causales de un acontecimiento. Cuando nuestra cognición social se ve deteriorada por el abuso de sustancias, tendemos a mostrar sesgos de hostilidad, animadversión y agresividad.
Interpretación de situaciones ambiguas
Es por esto que las situaciones ambiguas, repentinas o en las que la intención de la otra persona no está muy clara, se interpretan habitualmente como un ataque.
El riesgo de interpretar una situación como un ataque deliberado
Por ejemplo, si recibimos un empujón de una persona desconocida en la calle, quizá se trate de un accidente, o puede ser que estuviésemos mirando hacia otro lado sin prestar atención, o tal vez sea culpa de un tropiezo; si nuestro estilo atribucional está deteriorado por la adicción, tenemos más probabilidades de pensar erroneamente que se trata de un acto deliberado y hostil, que estamos en peligro y tenemos que defendernos. Esta propensión a “ver ataques” en situaciones ambiguas o más complicadas de entender puede desembocar en un comportamiento conflictivo.
La importancia de tener en cuenta la cognición social en las adicciones
Por todo esto, creemos que vale la pena tener en cuenta la cognición social en el contexto del abuso de sustancias. Tomar conciencia de hasta qué punto modulan nuestra vida diaria estas competencias mentales nos ayuda a entender mejor qué nos sucede cuando atravesamos un proceso de adicción. Si sufrimos déficits en nuestra cognición social, nos volvemos incapaces de entender a las personas que nos rodean. Nos vemos arrojados a un mundo caótico, impredecible y confuso, donde las emociones de nuestros seres queridos nos parecen desconectadas de su comportamiento, las interacciones cotidianas de pronto nos cuestan dificultades, el tono con el que nos hablan se torna hostil y la gente que nos rodea nos ataca sin ninguna explicación razonable. El malestar generado es severo. Este impedimento para tomar partido en la esfera social con normalidad ilumina el tipo de decisiones y comportamientos que adoptamos en una situación de adicción; conductas excesivas o irracionales en apariencia no son sino respuestas mal calibradas a una realidad para la que ya no tenemos herramientas.
Cognición social y bienestar emocional
En la medida que ser capaces de interaccionar de forma sana con nuestros seres queridos es básico para nuestro bienestar emocional, integrar la cognición social dentro de la reflexión sobre las adicciones cumple una triple función: incrementa el rigor con el que abordar su estudio
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científico, abre caminos esperanzadores para acompañar a quienes sufren un proceso de este tipo y restituye además su identidad dentro del tejido social.
Bibliografía
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Piñón-Blanco, A., Rodrigues, S., Teixeira, J., Coutinho, C., Faria, I., Murta, I., … & Spuch, C. (2025). Impairment in social cognition in people with substance use disorders. Frontiers in Psychiatry, 16, 1574483